miércoles, 8 de diciembre de 2010

Guests #3

Sancocho de ácido, carbón y mercurio...

Por: JUAN GOSSAÍN / CARTAGENA DE INDIAS | 9:28 p.m. | 06 de Diciembre del 2010/ El Tiempo

El alcatraz que vuela entre mis sueños lleva en su enorme pico una quimera... (Walt Whitman, Hojas de hierba).

Una mañana de mayo pasado, los viejos madrugadores del pueblo de Marytown, perdido en las costas que bordean el sudeste de los Estados Unidos, se levantaron como todos los días a echarles unas migajas de pan a los pájaros marinos que merodean con mansedumbre por los patios y que se han ido convirtiendo en sus amigos.

Lo que vieron los dejó espantados: las gaviotas de cabeza negra, que son tan bellas, también tenían negro el plumaje. Del pico les goteaba una mancha babosa. No podían levantar el vuelo de la arena, con las patas hundidas en una masa de chapapote pastoso, como el asfalto cuando se derrite. Una de las gaviotas miró a la gente pidiendo ayuda.

Según cuentan los testigos, más allá de la playa, cerca del río, tres garzas morenas habían muerto con los ojos despepitados. El guiso espantoso que navegaba corriente abajo, matando todo lo que se le atravesara, era la mezcolanza de petróleo crudo de la empresa British, que cayó pocos días antes a las aguas del Golfo de México.

A esa misma hora los alcatraces de la bahía de Santa Marta, al norte de Colombia, desayunaban su ración cotidiana de buñuelos de carbón. El periodista Antonio José Caballero, grabadora en mano, esperaba en la playa el regreso de los pescadores que habían salido a trabajar temprano. Mientras aguardaba, la cámara de su teléfono celular retrató la pala enorme de un barco carbonero que arrojaba al mar el polvo negro que sobró en las bodegas.

A esa misma hora, en las playas legendarias de Juanchaco y Ladrilleros, cerca de Buenaventura, los lancheros de cabotaje que llevan carga y pasajeros por los pueblos que se arraciman en las orillas del Pacífico limpiaban sus motores preparándose para un nuevo día de trabajo. Como si fuera la cosa más natural del mundo, arrojaban al mar el contenido de unos tanques repletos de residuos de gasolina, queroseno y diésel. Un langostino magnífico, que medía un jeme, iniciaba el día tomándose su primera taza de combustible. Cuando vi la fotografía en El País de Cali me dieron ganas de echarme a llorar.

A esa misma hora, en la zona industrial de Cartagena de Indias, abierta sobre la bahía del Caribe resplandeciente, los trabajadores de una compañía empacadora se sentaron a desayunar en los comedores de su empresa. En ese momento volvieron a ver, como venía sucediendo en las mañanas más recientes, que una nata de tizne cubría la superficie del café con leche, y que una mermelada negra, tan semejante al betún de limpiar zapatos, se había pegado al pan y al queso blanco.

Entonces, no aguantaron más. Se levantaron todos, sin que nadie los hubiera convocado, y comenzaron a golpear los platos contra los mesones. La algarabía se oyó en media ciudad. Las autoridades ambientales ordenaron el cierre de un muelle vecino, que se dedica a cargar carbón a cielo raso, sin mayores precauciones ni cuidados, sin tubos cerrados ni conductores protegidos. Seis días después el muelle fue reabierto.

A esa misma hora, en la región acuática de La Mojana, que cubre un gigantesco territorio húmedo de los departamentos de Bolívar, Sucre y Antioquia, bajaban resoplando los ríos Cauca y san Jorge, que se desbordan en caños y ciénagas. El apóstol Ordóñez Sampayo, que se ha gastado la vida defendiendo de la contaminación a campesinos, cosechas y animales, apareció en la plaza de Guaranda con el dictamen médico en la mano: los doctores certificaban que los tres niños que nacieron deformes tenían mercurio en el sistema sanguíneo.
El terrible mal de Minata, como lo saben los japoneses, porque las empresas en cualquier parte del mundo, en Tokio o en Majagual, arrojan porquerías químicas a las corrientes, y primero se pudren las aguas, y después nacen degenerados los peces y los camarones, y después nacen sin ojos los niños cuyas madres, en aquellos caseríos extraviados de la mano de Dios, consumen esa agua y esos pescados.

En las cabeceras de ambos ríos, las compañías mineras, que buscan oro entre la tierra, hacen sus excavaciones con un sancocho de mercurio y ácidos. Arroyos y acequias se llevan el mazacote. Los bocachicos mueren con la boca abierta en los playones. Las espigas de arroz no volvieron a crecer.
En medio del desastre causado por las inundaciones, y como si fuera poco, las yucas harinosas de antes florecen ahora con un hongo químico a manera de cresta. El hambre campea entre los pocos ranchos que no se ha llevado el invierno. Las emanaciones de las lagunas huelen a lo mismo que huele un laboratorio de detergentes.

Hay que decir, también, que los empresarios mineros se defienden diciendo que Ordóñez Sampayo está loco. Claro que está loco: ningún hombre cuerdo expone su pellejo ni dedica su vida entera a defender a un ruiseñor, una mojarra, un plátano pintón, una mazorca de maíz o a una mujer embarazada que carga un fenómeno en el vientre.

Epílogo

Aquella mañana, cuando los pescadores de Santa Marta regresaron a la playa, el periodista Caballero los acompañó en su tarea de descamar y abrirles el buche a los escasos pescados que traían.

-¿Qué es eso? -preguntó, intrigado, al ver unas bolas negras en el estómago de un bagre.

-Carbón, amigo -le contestó uno de ellos, levantando el animal-. Pelotas de carbón. Eso es lo que comen ahora.

Caballero tomó más fotografías y se las llevó a algunos funcionarios de la industria carbonera.

-No se preocupe -le contestó el gerente-. Vamos a construir un nuevo muelle de última generación.

-No lo dudo -dijo el reportero, con una mueca de dolor que parecía sonrisa-. No lo dudo: será la última generación.

El día que Caballero me contó esa historia, y me enseñó sus fotografías, ya no sentí ganas de echarme a llorar, como la vez aquella del langostino bañado en combustible. Lo que sentí ahora fue rabia. Cuando ya no quede una sola hoja de acacia, cuando el último pulpo haya muerto atragantado con ácido sulfúrico y cuando nuestros nietos nazcan con un tumor de carbón endurecido en la barriga, entonces será demasiado tarde. Dispondremos de computadores infrarrojos de última generación, pero ya no habrá agua para beber; los celulares de rayos láser se podrán comprar en las boticas, pero el sol no volverá a salir; los niños encontrarán el algoritmo de 28 a la quinta potencia con solo cerrar los ojos, pero dentro de 20 años no sabrán de qué color era una golondrina.

Los invito a todos a ponerse de pie antes de que se marchite el último pétalo. Usen el arma prodigiosa del Internet para protestar. Hagan oír su voz. Que el correo electrónico de los colombianos sirva para algo más que mandar chistes y felicitaciones de cumpleaños. Porque, si seguimos así, el día menos pensado no quedará nadie que cumpla años. Ni quién envíe felicitaciones.
JUAN GOSSAÍN

domingo, 21 de noviembre de 2010

Guests # 2

Las 10 estrategias de manipulación mediática
Por Noam Chomsky
1. La estrategia de la
distracción. El elemento
primordial del control
social es la estrategia de la
distracción que consiste
en desviar la atención del
público de los problemas
importantes y de los
cambios decididos por las
elites políticas y
económicas, mediante la
técnica del diluvio o
inundación de continuas
distracciones y de
informaciones
insignificantes. La
estrategia de la
distracción es igualmente
indispensable para impedir
al público interesarse por
los conocimientos
esenciales, en el área de la
ciencia, la economía, la
psicología, la neurobiología
y la cibernética. ”Mantener
la Atención del público
distraída, lejos de los
verdaderos problemas
sociales, cautivada por
temas sin importancia real.
Mantener al público
ocupado, ocupado,
ocupado, sin ningún tiempo
para pensar; de vuelta a
granja como los otros
animales (cita del texto
‘Armas silenciosas para
guerras tranquilas)”.

2. Crear problemas y después ofrecer soluciones. Este método también es llamado
“problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta
reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer
aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar
atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas
en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un
mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios
públicos.

3. La estrategia de la gradualidad. Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta
aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que
condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante
las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad,
desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que
hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.

4. La estrategia de diferir. Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de
presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento,
para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato.
Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa,
tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el
sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea
del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.

5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad. La mayoría de la publicidad dirigida al
gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles,
muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o
un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a
adoptar un tono infantilizante. ¿Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la
edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta
probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de
una persona de 12 años o menos de edad (ver “Armas silenciosas para guerras tranquilas”)”.

6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión. Hacer uso del aspecto
emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente
al sentido crítico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite
abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y
temores, compulsiones, o inducir comportamientos…

7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad. Hacer que el público sea
incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud.
“La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y
mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores
y las clases sociales superiores sea y permanezca imposible de alcanzar para las clases inferiores
(ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad. Promover al público a creer
que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto.

9. Reforzar la autoculpabilidad. Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su
propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus
esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y
se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción.
Y, sin acción, ¡no hay revolución!

10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen. En el transcurso
de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha
entre los conocimientos del público y aquellos poseídas y utilizados por las elites dominantes.
Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un
conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema
ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa
que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los
individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos

sábado, 20 de noviembre de 2010

Massive Attack Bogotá

United Snakes

Risingson

Girl I Love You

Future Proof

Psyche

Mezzanine

Teardrop

Angel

Inertia Creeps

Safe from Harm

Splitting the Atom

Unfinished Sympathy

Atlas Air

Karmacoma (Far)

Karmacoma (Near)

jueves, 18 de noviembre de 2010

AIR Bogotá

Do the Joy

Love

Remember

J'Ai Dormi sous L'Eau

Don't be Light

Alone in Kyoto

Cherry Blossom Girl

How Does it Make You Feel?

Alpha Beta Gaga

Kelly Watch the Stars
Heavent's Light - Sexy Boy

La Femme D'Argent




lunes, 11 de octubre de 2010

Frases Celebres #6



Vida, vida.

No creo en presentimientos
y no temo a los agüeros,
no esquivo la blasfemia ni el veneno,
la muerte no existe,
inmortales son todos,
todo es inmortal,
no hay que temer a la muerte,
ni a los diecisiete,
ni a los setenta,
solo hay luz y realidad,
no hay niebla,
ni muerte en el mundo este,
ya estamos en la costa del mar azul,
soy de los que recogen las redes
cuando viene a bandadas la inmortalidad.

Vivan en la casa y la casa existirá,
llamaré a cualquiera de los siglos,
entraré en él,
y mi casa vivirá,
por eso están conmigo vuestros hijos
y en una misma mesa sus esposas están
y es solo una para el abuelo y el nieto:
el futuro ahora ocurrirá,
y si mi mano levanto inquieto,
los cinco rayos con ustedes se quedarán
y cada día del pasado yo sostengo,
con mis clavículas y mi voluntad,
con cadena que mide tierra,
medí el tiempo,
y pasé a través,
como si fuera el Ural.

Escogí mi siglo a mi talla y edad,
íbamos al sur,
subía el polvo en la estepa,
la hierba mal olía,
el grillo hacía travesuras,
tocaba las herraduras con sus bozos,
me precedía la muerte,
oscuro,
sacerdotal,
até mi destino a la silla de montar,
también ahora,
en futuros siglos,
me levanto cual niño con los estribos.

Me basta con mi inmortalidad,
para que de siglo en siglo,
mi sangre corra por un rincón,
con lumbre y bondad,
daría mi vida sin lisonjas,
si su aguja volara,
ya no más,
cual hilo me lanzara a toda costa.

Arseni Tarkovski

Free Love

Love - What is it?
Can I get some?

Normally love cost a bundle and is plenty of trouble,
but you fooled me,
you ran away.

I should have foreseen this business,
don´t bank on it baby.

So, the next time someone offers you love,
you better run for shelter,
run for help,
run for the cynical arms of a stranger,
run for the open arms os an unknown,
tomorrow,
because love,
love is expensive.

Free Love,
don't bank on it.

Mark Sandman

lunes, 13 de septiembre de 2010

Hybrid #1

El humano tiende a eliminar aquello que lo asusta, aquello que le parece desagradable, aquello que de una u otra forma lo amenaza, así la amenaza solo sea hipotética. Yo, soy un humano, para bien o para mal tengo esa misma tendencia, pero... ¿qué hay si al cabo del tiempo que lleva en este planeta, un humano cualquiera, se da cuenta que aquello que realmente lo asusta, aquello que le parece grotesco y purulento, es su propia especie? Y no es que lo asuste el contacto con los demás humanos comunes, es la estupidez humana (de la cual obviamente no escapa), la necesidad de resolver necesidades innecesarias, la facilidad con que se destruye lo indispensable por llenar vacíos creados por la misma "humanidad", si humanidad es sinónimo de "sensibilidad, compasión y bondad hacia los semejantes", la verdad es que la humanidad carece realmente de humanidad, no es sino dar un vistazo a todas las catástrofes que suceden a diario, a las que vienen sucediendo desde hace décadas, a las que recién estamos iniciando por cuenta de la modernidad y a las que ya terminaron pero dejaron su imborrable huella.

La humanidad, o mejor, la raza humana, ya está bueno de mal utilizar las palabras, como decía, la raza humana es de las especies menos simbióticas de este planeta, su comportamiento se parece más al de un virus, de wikipedia:

En biología, un virusn. 1 (del latín virus, «toxina» o «veneno») es una entidad infecciosa microscópica que sólo puede multiplicarse dentro de las células de otros organismos.

Nosotros, la raza humana, tomamos todo lo que podemos de nuestra madre tierra y no devolvemos más que detritos; en esta carrera loca por conseguir metas absurdas como automóviles lujosos, papeles pintados con símbolos y nombres exóticos como: dólares, euros, yenes, pesos, libras, hemos pasado por encima de las demás especies, hemos pasado por encima de otros "humanos", hemos pasado por encima de nosotros mismos... hemos traicionado nuestros principios, hemos traicionado nuestra raza, hemos traicionado a nuestra madre... le hemos defraudado... hemos puesto a muchos de nuestros compañeros de balsa en la lista del recuerdo, a muchos otros los tenemos en la lista de extinción... nos hemos puesto a nosotros mismos en extinción... cada vez somos más débiles y las enfermedades más fuertes... cada vez tenemos menos recursos y somos cada vez más... cada vez la naturaleza reacciona de manera más violenta.. ¿y quién podría culparla?... ¡Merecemos la extinción!... tal vez nuestro último acto de verdadera humanidad deba ser autoextinguirnos, sin violencia por favor, simplemente un aborto global, si nuestra generación decide no traer más especímenes de la raza humana a este planeta, al cabo de medio siglo lentamente nos habremos extinguido... el gran sabio indio Tagore dijo:

"cada niño que nace, trae consigo el mensaje de que Dios no ha perdido la esperanza en la humanidad"

Yo en cambio, ya he perdido la esperanza en la humanidad, hecho que confirma que solo soy un simple humano y no un Dios.

Holly mother Earth
crying into space
tears on her pretty face
for she has been raped

Killing your future blood
fill her with disease
Global abortion please
that is what she needs

(Fragmento de la canción "The Righteous and The Wicked" de Red Hot Chilli Peppers)


sábado, 21 de agosto de 2010

A lot like love




"Brighter Than Sunshine"

I never understood before
I never knew what love was for
My heart was broke, my head was sore
What a feeling

Tied up in ancient history
I didnt believe in destiny
I look up you're standing next to me
What a feeling

What a feeling in my soul
Love burns brighter than sunshine
Brighter than sunshine
Let the rain fall, i don't care
I'm yours and suddenly you're mine
Suddenly you're mine
And it's brighter than sunshine

I never saw it happening
I'd given up and given in
I just couldn't take the hurt again
What a feeling

I didn't have the strength to fight
Suddenly you seemed so right
Me and you
What a feeling

What a feeling in my soul
Love burns brighter than sunshine
It's brighter than sunshine
Let the rain fall, I don't care
I'm yours and suddenly you're mine
Suddenly you're mine

It's brighter than the sun
It's brighter than the sun
It's brighter than the sun, sun, shine.

Love will remain a mystery
But give me your hand and you will see
Your heart is keeping time with me

What a feeling in my soul
Love burns brighter than sunshine
It's brighter than sunshine
Let the rain fall, I don't care
I'm yours and suddenly you're mine
Suddenly you're mine

I got a feeling in my soul ... [repeat chorus to end]

Aqualong



















viernes, 6 de agosto de 2010

Guests # 1


EL ESPEJO QUE HUYE

Una imposible mañana de invierno, en una estación muy conocida, un hombre que no conozco -de sobretodo, con dos violetas en el ojal- quería demostrarme que los hombres son felices, que la vida es grande, que el mundo es hermoso. Yo lo escuchaba con interés, sacudiendo a cada momento la ceniza de mi cigarrillo que el viento consumía sin que nunca lo llevara a la boca. Lo escuchaba sonriendo y el hombre que no conozco se acaloraba cada vez más y del humour pasaba al sentimiento, al entusiasmo y al delirio. La fuga de sus palabras rápidas, fluyentes, firmes, como si hubieran sido fundidas en ese instante, acuñadas de nuevo en algún sitio hacía poco tiempo, me llenaba de una ebriedad muy similar a la que provoca la champaña. Algo picante y saltarín, un deseo de abrazar y de llorar, de danzar, de reír de improviso...

En cierto momento su voz me dijo:

-Medite, señor, medite en la grandeza del progreso que se desarrolla bajo nuestros ojos; en el progreso que lleva a los hombres desde el pasado hasta el futuro, desde lo que ya no es más hasta lo que todavía no es, de lo que se recuerda a lo que se espera. Los salvajes no prevén el futuro, no piensan en el porvenir; no prevén ni proveen. Pero nosotros, hombres civilizados, hombres nuevos, vivimos para el futuro y a merced del futuro. Nuestra vida entera se tiende hacia lo que debe venir, está construida en previsión de lo que ocurrirá. Nuestros hombres consagran el presente al mañana (siempre, porque todo presente pasa al mañana que pasará), respetuosa y valerosamente.

“Este enorme progreso del espíritu profético es lo que hace desvanecer los peligros, lo que pone en nuestras manos las fuerzas, lo que hace descubrir nuevas posibilidades, lo que nos vuelve dueños de la tierra, del mar y del cielo y de una cosa que vale más que todo eso, oh señor: ¡de nosotros mismos!”

Pero en ese momento un tren expreso llegó a la estación. Su estruendo solemne en el cruce de las vías, su breve silbato, decidido, irritado, interrumpieron el discurso del Hombre que no conozco. Cuando el tren se calmó y no se oyeron más que sordos bufidos de la locomotora y los viajeros escaparon, el Hombre quiso todavía continuar pero yo me anticipé:

-Señor Hombre -le dije-, este tren que acaba de llegar, ¿no le ha sugerido nada que se relacione con nuestra circunstancia? ¿No ha entendido su respuesta? ¿Quiere que se la repita yo, humilde traductor, ya que puedo traducir el idioma de los trenes y de muchas otras cosas? Hasta hace pocos minutos este tren corría a una velocidad media de ochenta kilómetros por hora, pequeño mundo apiñado e iluminado a través del campo solitario y neblinoso. Y he aquí que de pronto se detiene y los habitantes de esta pequeña ciudad en fuga han desaparecido y el maquinista se seca la frente con aire poco satisfecho. Las ruedas se han detenido perezosamente sobre los rieles y los vagones vacíos y oscuros añoran las charlas de los pasajeros y las valijas multicolores. Así termina una fuga cuando se viaja sobre rieles. Pero dejemos el tren y volvamos a los hombres. En este momento se me ocurre algo absurdo y se lo digo a usted, señor Hombre, y lo digo porque no hay aquí multitudes que puedan escucharme. Si estuvieran aquí todos los que yo deseo, les diría:

“Imaginen, humanos, una cosa imposible, absurda, loca, increíble y espantosa. Imaginen que todo el mundo se detuviese de improviso, en un instante dado, y que todas las cosas permanecieran en el sitio en que estaban y que todos los hombres se volvieran inmóviles, como estatuas, en la actitud en que estaban en ese instante, en la acción que se hallaban ejecutando... Si esto ocurriera y si a pesar de todo ello continuara todavía funcionando en los hombres el pensamiento, y pudieran recordar y juzgar lo que hicieron y lo que estaban haciendo, y pudieran examinar todo lo que realizaron desde su nacimiento y meditar en lo que deseaban realizar antes de morir, ¡imagínense cuánta desesperación ardería bajo el trágico silencio de ese mundo detenido de improviso!

“No sé si tendrán el valor de escuchar lo horrible que sería. Esfuércense por unos instantes en ver a todos estos hombres inmovilizados mientras se hallaban dedicados a su tarea, anhelantes detrás de sus sueños, instigados por sus sucias pasiones, rudamente empujados por sus deseos. Véanlos esparcidos por el mundo, como suspendidos por una catástrofe que los trasmutara en fantoches pensantes, en estatuas desesperadas. Véanlos en las más repugnantes posiciones y en las más ridículas, en las más cansadoras y en las más estúpidas. He aquí al hombre sorprendido en medio de un pesado sueño con la boca semiabierta como un cadáver borracho; al hombre en el acto amoroso, extendido como una bestia jadeante sobre la mujer de párpados cerrados; al hombre que robaba en las tinieblas con falsa mirada y la lámpara que nunca más se apagará; al juez vestido de negro que dispensa el infierno y la sangre desde su alto sitial; al miserable que se arrastra por el fango de la ciudad buscando un hueso y una moneda; a la mujer que sonríe lascivamente con su rostro empolvado, en postura insinuante; al mercader de manos huesudas que gesticula para lograr diez centavos más; al campesino afanado con la aguijada en la mano tendida hacia los inmóviles bueyes; al elegante orador detenido en medio de una sonrisa y de un cumplido; al soldado que se hallaba con la bayoneta calada ante una puerta cerrada, y al homicida que preparaba sus venenos en una buhardilla, y al obrero soñoliento curvado sobre las enormes máquinas grasientas, inmóviles y siniestras, y al científico que no puede separar el ojo cansado del microscopio donde han interrumpido su danza los monstruos invisibles... “Imaginen ahora, si sus ánimos resisten, pensamientos de todos estos hombres condenados en un mismo instante ante la conciencia de su muerte. ¿Creen ustedes que habrá un solo hombre -uno solo, ¿entienden?-, uno solo que esté contento y satisfecho de ese momento en que el destino lo ha vuelto inmóvil? ¿Creen que para uno solo de estos hombres sería ése el momento de Fausto, el momento hermoso que querríamos detener, fijar y conservar para la eternidad? ¡Ustedes no creen realmente esto, no pueden creerlo!

“El señor Hombre -usted, aquí presente, delante de mí- ha dicho una gran y tremenda verdad. Los hombres piensan en el futuro, viven para el futuro, consagran perpetuamente sus días actuales a los mañanas venideros. Todo hombre no vive más que para aquello que prevé, aguarda y espera. Toda su vida está hecha de manera que cada instante tiene valor para él solamente en cuanto él sabe que ese instante prepara un instante sucesivo, cada hora una hora que vendrá, cada día un día que seguirá. Toda su vida está hecha de sueños, de ideales, de proyectos, de expectativas; todo su presente está hecho de pensamientos en torno a su futuro. Todo lo que es, lo que está presente, nos parece oscuro, mezquino, insuficiente, inferior, y nosotros nos consolamos solamente pensando que todo este presente no es sino un prólogo, un largo y aburrido prólogo, a la hermosa novela del porvenir. Todos los hombres, lo sepan o no, viven gracias a esta fe. Si de pronto se les dijese que dentro de una hora todos morirán, todo lo que hacen y lo que hicieron no tendría para ellos ningún placer ni sabor ni valor algunos. Sin el espejo del futuro la realidad actual parecería torpe, sucia, insignificante. Sin el mañana que permite esperar los desquites, las victorias, las ascensiones, las promociones y los aumentos, las conquistas y los olvidos, los hombres no consentirían más en seguir viviendo. Sin el lejano perfume del mañana no querrían comer el negro pan del hoy.

“Piensen, pues, en estos hombres detenidos de pronto, que no pueden actuar más pero que todavía piensan. Imaginen a estos hombres prisioneros de un eterno hoy, sin la liberación de la conciencia. ¿Qué pensarán estos hombres? ¡Qué dolor atroz debe roer sus vísceras y amputar sus nervios! Inmóviles en sus posiciones vergonzosas y delictivas, tristes e idiotas, sin posibilidades de esperanza, sin luz de sueños, sin dulzura de proyectos, con las alas tronchadas, las piernas atadas, las manos encadenadas, como una enorme multitud de prisioneros al estilo de Miguel Ángel, reducidos a las ataduras de sus vidas mezquinas, melancólicas, repugnantes; ataduras de esa vida que soportaban solamente con la esperanza y la expectativa de vidas más bellas y más grandes: ellos, esos condenados a la perpetua inacción, reconocerán con infinita rabia la absurda estupidez de su vida anterior. Pensarán que todo el presente era sacrificado por ellos en pos de un futuro, que a su vez se volvería presente y sería sacrificado a su vez por otro futuro y así hasta el último presente, hasta la muerte. Todo el valor del hoy estaba en el mañana y el mañana valía solamente por otro mañana y así llegaba el último hoy, el hoy definitivo, y así la vida entera había transcurrido para preparar de día en día, de hora en hora, de momento en momento lo que no llega nunca. Y ellos descubrirán esta tremenda cosa: que el futuro no existe como futuro, que el futuro no es más que una creación y una parte del presente, y que soportar la vida inquieta, la vida triste, la vida doliente por este futuro que de día en día huye y se aleja es la más dolorosa necedad de esta estúpida vida.

“Humanos, nosotros perdemos la vida por la muerte; consumimos lo real por lo imaginario, valoramos los días sólo porque nos conducen a días que no tendrán otro valor que el de traernos otros días idénticos a ellos... ¡Humanos: toda la vida es un fraude atroz que ustedes mismos traman para el daño propio, y solamente los demonios pueden reír fríamente de la carrera de ustedes hacia el espejo que huye!”

Un nuevo expreso, pitando y tronando, entró en la estación, y una vez más los viajeros huyeron y el maquinista se enjugó la frente con aire poco satisfecho. El Hombre que no conozco estaba siempre ante mí -de sobretodo, con dos violetas en el ojal-, aunque lo hubiese olvidado del todo.

-He aquí -le dije- mis ideas sobre el progreso, sobre el porvenir y sobre la vida. Ciertamente, usted no está de acuerdo conmigo pero yo estoy de acuerdo con alguien; por ejemplo, con la niebla que a menudo intenta cubrir el mundo y esconder el hombre al hombre, la miseria al desprecio, la fealdad a la melancolía. Y yo amo muchísimo, señor Hombre, los trenes que se detienen tras las inútiles fugas y la niebla que vela lo que no se puede destruir.

El hombre que no conozco se había vuelto nervioso y todo su entusiasmo había desaparecido como un hilo de humo. En vez de responder, se quitó del ojal una de sus violetas y me la ofreció. Yo la tomé con una inclinación, la acerqué a la nariz y su leve perfume me gustó.


Jorge Luis Borges.



martes, 3 de agosto de 2010

El baúl de los recuerdos #8


DEL ODIO Y OTROS DEMONIOS

ODA AL ODIO

Odiar,
Odiarla,
Odiarme,
Odiarnos,
Odisea del odio,
Odio-Odín,
Odio mortal,
Odín inmortal.


... y la odio tanto... que no la quiero...
...no la quiero ni odiar siquiera...


No la odio,
solo me duele,
duele...
duele odiar,
pero duele más no poder,
duele querer,
y duele no serlo,
duele el engaño,
y duele no hacerlo,
... todo duele,
y eso...
es lo que mas duele.

Mundo dolorido,
cansado y agónico,
duele morir,
y duele no estarlo.


Miklo Belka

lunes, 26 de julio de 2010

El baúl de los recuerdos #7


Cerca o lejos,
arriba o abajo,
ahora o nunca,
yo quiero cerca,
yo quiero arriba,
yo quiero ahora.

No quiero ya más,
esta zona abisal,
zona gris,
dimensión descolorida,
entropía absoluta.

Y me cuesta escribirlo,
y no puedo decirlo
y...

No más ilusiones,
no más espejismos,
quiero mi oasis verdadero.

No más canícula,
no más aceite hirviente,
no más magma en espera.

Quiero la erupción,
que me devore la lava,
o que me llene su fuerza.

Miklo Belka

El baúl de los recuerdos #6


ESCRIBIR POR TEMOR

Pienso luego exilio,
exilio y expío,
expío mis culpas,
¿me culpas?

¡Culpame!
culpame sin temor
culpame por mi temor.

Temo hablar,
por eso escribo,
temo que no quieras ser mi luna,
temo que no quieras ser mi ángel,
temo que no aceptes,
temo que no quieras,
pero temo más a temer,
por eso escribo

Por eso quiero saber,
dime,
respondeme,
aunque no pregunte.

Miklo Belka